El objetivo principal en cualquier investigación policial, es identificar al autor de los hechos, establecer la autoría y finalmente, poner a disposición Judicial al presunto culpable. Para ello, los cuerpos de seguridad cuentan, cada día más, con nuevas herramientas, y por supuesto, con la ciencia.

En la escena del crimen, el malhechor deja vestigios, unas veces de manera consciente y otras no, los cuales serán localizados por los investigadores para mediante su análisis científico, establecer el qué, el cómo, el porqué y el quién…

Un ejemplo podría ser el análisis del ADN localizado en una escena del crimen, el cual establece una certera relación entre el criminal y el lugar donde acontecieron los hechos.

Las distintas disciplinas que nutren la actividad policial, como la criminología, psicología, criminalística… se presentan como herramientas fundamentales que en su conjunto, integran la ciencia policial.

El principio fundamental de las ciencias forenses es el principio de intercambio (exchange principle), tambien conocido como el principio Locard en honor del Dr. Edmon Locard quien lo formuló. De hecho, Locard fundó el primer laboratorio forense en 1910 en Lyon [1].

Según Locard, cuando un criminal comete un hecho delictivo, siempre deja rastros (cabellos, células epiteliales, materia microscópica de otro tipo…), de su interacción  en el lugar donde este acontece, además de llevarse consigo algo de la escena, lo que permite a los expertos, recrear los acontecimientos.

Se pueden establecer dos tipos de evidencias; las evidencias directas, son aquellas que muestran la existencia de los hechos, bien por medio de un testigo de los hechos o por una grabación y las evidencias indirectas o circunstanciales, las cuales no son probatorias pero si son analizadas, pueden establecer la participación de un sospechoso en un hecho determinado, siendo las evidencias más comunes las siguientes:

  • Impresiones dactilares latentes.
  • Cabello humano.
  • Fibras textiles.
  • Huellas de herramientas utilizadas.
  • Huellas de pisadas humanas, de animales, de neumáticos.
  • Huellas de sangre.

En muchos países es la Policía Científica, sección dentro de los Cuerpos de Seguridad estatales, la encargada de la investigación criminal mediante el método científico. Compuesta por funcionarios del cuerpo policial, con formación superior en psicología, medicina, física, química, biología… además de la formación específica en técnicas de investigación criminal.

Por citar un ejemplo de la importancia de la ciencia aplicada a la investigación criminal, os mostramos el caso del “Asesino de Green River”, al que se le atribuyen la comisión de 48 asesinatos, en el estado de Washington, durante las décadas de los años 80 y 90.

Gary Ridgway (imagen) asesino de prostitutas, fue identificado en el año 1983 y considerado sospechoso de los crímenes, en Dominio pùblicoel año 1987 se logró recoger muestras de ADN de Gary, pero en aquellos tiempos la tecnología disponible no permitía establecer una conexión directa con los asesinatos.

Ya en el año 2001, los avances en el análisis de ADN lograron incriminar a Gary Ridgway, quien esta vez, confesó los asesinatos, declarándose culpable, siendo condenado a 49 cadenas perpetuas.

Sin más, os dejamos este enlace, el primer capítulo de “Ciencia Forense”, una docuficción producida por TVE que reconstruye, a modo de thriller, casos de criminología forense.

Bibliografía:

[1]LALINDE-PULIDO, Juan G., et al. Aplicaciones forenses del NTP: En busca del tiempo perdido.

Hans‐Gerd, Jaschke. La Ciencia Policial, enfoque Europeo. European Police College. 2008, CEPOL, p. 1-10.

ALVAREZ, Jairo Enrique Suárez. Avances de la Ciencia de Policía en América Latina. Revista Brasileira de Ciências Policiais, 2010, vol. 1, no 1, p. 21-80.

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