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Mateu Josep Bonaventura Orfila i Rotger, es una de las figuras más importantes dentro del campo de las ciencias forenses, llegando a ser considerado el padre de la toxicología forense, al establecer las bases sobre las que se asentaría esta disciplina.

Nació el 24 de abril de 1787 una población situada en la parte más occidental de España, Mahón (Islas Baleares), en el seno de una familia de comerciantes. Orfila fue autodidacta en su niñez y aprendió diversas lenguas, así como matemáticas, llegando a impartir clases de matemáticas cuando solo tenia 14 años con los conocimientos adquiridos en los escasos libros que encontraba sobre esta materia.

El padre de Mateu deseaba que su hijo fuera marino, pero el quería estudiar la carrera de medicina, por lo que contactó con el profesor de origen alemán Carlos Ernst Cook, el cual tenía una escuela en Mahón, recibiendo Orfila una educación elemental el matemáticas, ciencias naturales y física.

En 1804 viajo a Valencia con el fin de estudiar en la Facultad de medicina de dicha ciudad, pero quedó decepcionado con la oferta educativa que encontró, teniendo que ser nuevamente autodidacta y estudiando química de libros de autores franceses, realizando diversos experimentos químicos en su propia casa junto al militar Juan Sánchez Cisneros el cual había cursado estudios en París.

En 1805 Orfila se encontraba muy desencantado con la enseñanza que se impartía en la Facultad de Medicina de Valencia, por lo que escribió diversas cartas a su padre comunicándole que no estaba contento con la educación recibida, pero no fue hasta el año 1807 cuando, después de un informe favorable de su profesor el doctor Francisco Carbonell, la Real Junta de Comercio de Barcelona le concedió una pensión para continuar estudios en Madrid y posteriormente en París. Dicha pensión le fue concedida con el fin de que una vez completara sus estudios ocuparía una cátedra de química en la universidad de Barcelona,

Orfila continuo sus estudios de medicina en París, impartiendo el mismo diversos cursos sobre química y ciencias naturales que le granjearon múltiples elogios de la sociedad parisina, y recabando de esta manera un cierto estatus así como una cierta solvencia económica que le permitió eludir las peticiones del gobierno del Rey Felipe VII, en las cuales le pedían que regresara a España para que compartiera sus conocimientos, pero Orfila desestimó dichas peticiones continuando viviendo en Francia hasta el momento de su muerte.

Mateu Orfila realizó múltiples experimentos con más de 5000 perros a los que administraba diversos compuestos, estudiando los efectos que sufrían, así como las interacciones que se observaban al serles inoculados otros compuestos, estos experimentos según la visión actual podría pensarse que eran crueles, pero desde el punto de vista de la época el usar animales en los experimentos, incluso si estos tuvieran consecuencias fatales para los mismos, no era para nada reprobable. A consecuencia de estas investigaciones, Orfila en 1814 publicó el primer libro “Traité des Poisons” (cuya traducción es “tratado sobre los venenos”), con el cual deslumbró a la sociedad científica de la época y le granjeó múltiples halagos, siendo traducido a varios idiomas. Este tratado científico introdujo una gran novedad en la época, y es que los tóxicos podían ser absorbidos completamente por el cuerpo de la víctima, pudiendo ser descubierto su uso realizando una autopsia al cadáver. También Orfila aportó que la difusión de los tóxicos por el cuerpo se realizaba a través del sistema circulatorio y no mediante el sistema nervioso, como se creía en la época, en el libro apareció por primera vez el termino “antitóxico”, esto es la neutralización del tóxico o provocar que sea expulsado del organismo antes de que más cantidad del tóxico sea absorbida por el cuerpo.

En 1818 Orfila publicó “Eléments de chimie médicale” (que traducido se titularía “Elementos de química médica”), con el que cosecharía más halagos de la sociedad científica y médica, siendo traducido nuevamente a otros idiomas.

En 1819 Mateu Orfila ya era considerado una eminencia en su campo y le propusieron entrar en la Facultad de medicina de París como profesor de la asignatura de Medicina Legal, adquiriendo en ese momento la nacionalidad Francesa, ya que era un requisito indispensable para poder acceder al puesto de profesor.

Como miembro del claustro docente de la universidad parisina introdujo diversos cambio en la forma de impartir las clases, también propuso la creación de los pabellones de disección los cuales fueron creados en 1832, creo el museo de anatomía comparada que abrió sus puertas en 1835 y dono 60000 francos para crear un museo de anatomía comparada el cual abrió sus puertas en 1845 y que todavía se puede visitar en la actualidad, el cual se encontraba en la octava planta de la Facultad de Medicina de París, pero que cerro sus puertas en el año 2005, siendo donadas todas sus colecciones en el año 2011 a la Universidad de Montpelier.

Orfila estuvo comprometido durante toda su vida con la educación, falleciendo por una pulmonía el 12 de marzo de 1853 y dejando dispuesto en su testamento que se realizara la autopsia de su cuerpo ante los alumnos que tuvo en vida, con el fin de que aprendieran un poco más de el. El reconocido lexicógrafo y filósofo francés Émile Maximilien Paul Littré dijo al poco de la muerte de Mateu Orfila: “Orfila, por sus investigaciones especiales sobre venenos particulares y por su obra sobre la toxicología, dio un fuerte y fecundo impulso a estos estudios que ocuparon completamente a médicos y químicos…, Orfila dejó a la toxicología más segura en su andadura y en sus manifestaciones de lo que él la había encontrado.”.

Orfila fue una figura importante en el panorama judicial del siglo XIX, siendo considerado un perito de referencia en juicios en los que se utilizaron venenos como instrumento del crimen, en esa época el arsénico era ampliamente usado entre las clases política y aristocrática, llegado a ser conocido como “poudre de succession” (Traducido: polvos de sucesión), dichos polvos eran administrados en comidas o bebidas, al ser completamente inodoros e insípidos. El arsénico además de ser difícilmente detectado cuando se administraba, tenía otra “ventaja” y es que los efectos que provocaba el envenenamiento eran muy similares a los que provocaba el “Choléra Nostras”, enfermedad muy común en aquella época.

Las pruebas para detectar arsénico se realizaban cuando existían indicios que indicaban que este veneno había sido utilizado, el problema que existía, era que el cadáver podía haberse contaminado y haber absorbido arsénico de la tierra donde se encontraba enterrado, pudiendo dar un falso positivo.

Uno de los juicios que más repercusión obtuvo en los tabloides de la época, fue durante el año 1840 a consecuencia de la muerte de Charles Lafarge, el cual era una persona que había amasado una pequeña fortuna con la industria metalúrgica, muriendo tras una corta enfermedad que tenía como síntomas vómitos y fuertes dolores estomacales. Al poco tiempo su mujer Marie Lafarge, con la que hacía poco tiempo se había casado en un matrimonio de conveniencia, fue acusada de envenenarlo con arsénico.

No existían pruebas concluyentes en contra de Marie Lafarge, y aunque testigos afirmaban que había sido vista comprando arsénico, ella afirmaba que lo utilizó para combatir las ratas que existían en el domicilio donde convalecía su marido.

Meses después del fallecimiento de Charles Lafarge, el juez ordenó la exhumación del cadáver, realizándose diversas pruebas con el fin de detectar arsénico, pero no fueron concluyentes. Por lo que se solicitó la ayuda de Mateu Orfila, el cual determinó que la mejor forma de comprobar si el finado había sido envenenado, era mediante la utilización de un método diseñado por el químico ingles James Marsh. Este método se basaba en añadir zinc metálico y acido sulfúrico a la muestra sospechosa de contener arsénico, si la muestra contenía arsénico se producía una reacción química que lo convertía en arsina, la cual se depositaba en las paredes de la redoma formando una capa plateada.

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Orfila procedió a realizar “el test de Marsh” al cadáver exhumado de Charles Lafarge, así como a la tierra donde se encontraba enterrado, determinando que en el cuerpo del fallecido se encontraba arsénico y este no procedía de la tierra donde se había producido el entierro.

El dictamen de Orfila tuvo un gran peso en el juicio, siendo condenada Marie Lafarge con solo 25 años de edad, a pena de muerte, condena que le fue permutada por cadena perpetua. Dicha sentencia tuvo sus detractores, los cuales achacaban a Orfila haber cometido fallos en la realización del test de Marsh, siendo alimentada esta controversia por los periódicos de la época. Lo que es innegable es que este juicio y el papel que jugo el test de Marsh es lo provocó un impulso muy importante en las ciencias forenses.

Durante su vida, Mateu Josep Bonaventura Orfila i Rotger fue distinguido con multitud de reconocimientos a su dedicación, entre los que cabe destacar:
– Doctor en medicina de la Facultad de Madrid, concedido en 1811.
– Profesor de medicina legal de París, concedido en 1817.
– Miembro de la Academia Nacional de Medicina, concedido en 1820.
– Profesor de química médica, concedido en 1823.
– Docente de la Facultad de medicina de París, concedido en 1831.
– Comendador de la Legión de honor francesa, concedido en 1838.

En la actualidad múltiples calles en ciudades de todo el mundo tienen su nombre, así como el hospital general de Menorca. En 2004, Mahón, la ciudad que le vio nacer, celebro un simposio en su honor con el fin de conmemorar el 150 aniversario de su muerte.

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Como curiosidad cabe destacar, que Mateu Orfila no solo era admirado por sus conocimientos científicos, sino que también tenía bastante talento tocando el laúd y cantando, deleitando durante toda su vida en los salones parisinos a la sociedad de la época, los cuales consideraban fascinante que Orfila no solo fuera un gran científico, sino que tuviera grandes dotes para la música. La imagen que se encuentra sobre estas líneas muestra una caricatura de Orfila procedente del libro “Némésis médicale illustrée, recueil de satires” del autor François Fabre, donde la imagen ilustra unos versos satíricos que el autor dedica a Mateu Orfila. Según el escritor Jules Janin, en el año 1840 el mejor lugar de Paris para disfrutar de la música era la casa de Orfila. También era un gran apasionado del dominó, perteneciendo al Círculo de jugadores de Dominó de París, creado por el escultor Jean-Pierre Dantan sobre el año 1838.

La Biblioteca Interuniversitaria de Medicina de París dispone de una amplia colección de textos de Mateu Orfila, los cuales pueden ser consultados libremente, perteneciendo ya al dominio público.

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Enlaces:

Biblioteca Interuniversitaria de Medicina de París
Referencias:

BERTOMEU, José Ramón y NIETO, Agustí; Entre la ciencia y el crimen: Mateu Orfila y la toxicología en el siglo XIX; Fundación Dr. Antonio Esteve; Barcelona; 2006.

CHAUVAUD, Frédéric; Les experts du crime. La médecine légale en France au XIXe siècle; París; 2000.
FUGIER, Anne-Martin; La vie élégante ou la formation du Tout-Paris, 1815-1848; Paris; 1990.

VV.AA.; Diccionario Biográfico del Trienio Liberal; El museo Universal; Madrid; 1991.

FABRE, François; Némésis médicale illustrée, recueil de satires; Bruselas; 1841.

AMMEUX, Lucie; Orfila. Doyen et novateur, Thèse de Médecine; Tours; 1996.

FAYOL, Amédée; La vie et l´oeuvre d´Orfila; Paris; 1930.

GRANDIN, Marie Élie; L´École de médecine et pharmacie de Tours. Ses origines, sa création, 1766-1841; Tours; 1906.

HERNÁNDEZ MORA, Juan; Orfila. El hombre, la vocación, la obra; Ateneo de Mahón; Ediciones Nura; Menorca; 1988.

HUERTAS GARCÍA-ALEJO, Rafael; Orfila, saber y poder médico; Consejo Superior de Investigaciones Científicas; Madrid; 1988.

LAFUENTE HERNÁNDEZ, Eusebio; El Doctor Orfila y su época (1787-1853); Ministerio de Sanidad y Consumo; Madrid: 1987.
Autores Imágenes:

Litograph Mateu Orfila, Autor Alexandre Collette (1814-1876). Dominio Publico.

Portada del libro Traite des poisons, 1814. Dominio Publico.

Imagen Aparato de Marsh, Litografia de Theodore G. Wormeley. 1867. Dominio Publico.

Orfila the Chemist, Litografia de François Fabre, 1841. Dominio Público.